lunes, 12 de mayo de 2014

EL SANADOR HERIDO... EL LÍDER COMO HOMBRE COMPASIVO

Uno de los mejores trabajos de Henri Nouwen es sin lugar a dudas su libro "El sanador herido"...  sus ideas en torno al servicio de los líderes de la comunidad cristiana (que no se limita al ministerio ordenado) conservan totalmente su actualidad, y son preciosas sus intuiciones. Por eso he querido compartir algunas de esas ideas...

EL LÍDER COMO HOMBRE COMPASIVO

Al hablar de la articulación como forma de liderazgo, hemos sugerido también el lugar que ocupará el líder del futuro. No «allá arriba», lejos, o en un lugar secreto, sino en medio del pueblo, totalmente expuesto a las miradas de los demás.

Sabemos muy bien que la futura generación está volcada sobre su interior y busca una cierta articulación. Pero también es una generación a la que le falta la sensación de tener unos padres y que busca una nueva forma de autoridad. Es lo que nos lleva a pensar cuál será la naturaleza de esa autoridad. No encuentro otro nombre mejor que el de compasión. Ésta debe convertirse en el centro, e incluso en la naturaleza de la autoridad. Para la futura generación, el líder cristiano es primeramente un hombre de Dios. Pero para que ejerza un auténtico liderazgo tiene que ser capaz de hacer visible, capaz de hacer creíble en su propio mundo, la compasión de Dios hacia el hombre, como se manifiesta en Jesucristo.

El hombre compasivo vive con su pueblo, pero no se deja atrapar por el conformismo de las fuerzas del grupo con el que hace el viaje de esta vida. Nunca se dejará arrastrar por una compasión enfermiza, ineficaz, ni tampoco por una simpatía que nos ciega respecto a la globalidad de la realidad humana. La compasión nace cuando descubrimos en el centro de nuestra existencia no solamente que Dios es Dios y el hombre es hombre, sino también que el que vive a nuestro lado es realmente nuestro prójimo.

Por medio de la compasión es posible reconocer que el ansia de amor que siente el hombre reside también en nuestros propios corazones, que la crueldad que el mundo nos hace tan patente está arraigada en nuestros propios impulsos. Poseídos por la compasión, también vivimos en los ojos de nuestros amigos la esperanza de ser perdonados así como nuestro odio en sus bocas amargas. Cuando matan, sabemos que también nosotros podríamos hacerlo; cuando dan la vida, nos hacemos conscientes de que nosotros podemos hacer lo mismo. Para un hombre lleno del sentido de la compasión, nada humano le resulta ajeno: ni el gozo, ni la pena, ninguna forma de vida o de muerte.

Henri Nouwen
"El sanador herido"

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